Blog bilingüe (catalán - Castellano) sobre mis aventuras, mis reflexiones y temas de actualidad, especialmente centrados en Oriente Medio y en la desinformación existente acerca de Israel.

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dijous, 27 de gener del 2011

Metáfora de la maldad -- Metàfora de la maldat

Hoy, 27 de Enero, se conmemora el sexagésimo sexto aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau por parte del ejército soviético. Auschwitz es quizás la mejor metáfora de la maldad del ser humano, nos muestra que el hombre es capaz de lo mejor pero desgraciadamente también de lo peor. Auschwitz es la metáfora del desprecio del hombre por el hombre y de la sacralidad de la vida. Quizás, precisamente por esto, en lugar de citar a Primo Levi como tenía pensado, os dejo con la única música que puede acompañar a un lugar tan siniestro y desgarrador como es Auschwitz: la canción "Ha`ayara Bo`eret" del grupo de doom metal israelí, Salem. En Dark Lyrics podéis encontrar la traducción de la letra al inglés.




En català: avui, 27 de Gener, es conmemora el seixanta sisè aniversari de l`alliberament d`Auschwitz Birkenau per part de l`excèrcit soviètic. Auschwitz és potser la millor metàfora de la maldat humana, del despreci de la sacralitat de la vida humana i del home per l`home . Potser per això, enlloc de citar a Primo Levi com havia pensat en un primer moment, us deixo amb la única música que pot acompanyar a un nom sinistre i desgarrador com Auschwitz: la cançó "Ha`ayara Bo`eret" del grup israelià de black doom metal, Salem. A la web Dark Lyrics podeu llegir la traducció de la lletra a l`anglès.

divendres, 21 de gener del 2011

15 tipos muy normales

Os dejo con mi último escrito en Facebook para recordar la triste efeméride de la conferencia de Wannsee -- Us deixo amb el meu darrer escrit a Facebook (en castellà) per a recordar la trista efemèride de la conferència de Wannsee.


15 Tipos muy normales.

Autor: Jaume B.

Hoy hace sesenta y nueve años, en la nevada mañana del 20 de Enero de 1942, quince tipos normales, de buena formación académica, padres de familia, amantes de la música clásica o de la buena cerveza y metódicos funcionarios de su gobierno, se reunieron en una villa de una zona residencial en Munich, en Wannsee, para debatir la solución final de la "cuestión judía", es decir el exterminio del pueblo judío y su erradicación en Europa. A pesar del uso del ambiguo término "evacuación" sus objetivos quedan muy claros según se expresa en el protócolo del acta de dicha reunión que afortunadamente se nos ha conservado:


De este modo, en lugar de la emigración el führer aprobó una nueva solución: la evacuación de los judíos al este. Estas medidas deben considerarse un remedio temporal, pero facilitarán sobre el terreno una experiencia práctica de gran utilidad para llevar a cabo la solución de la "cuestión judía" en Europa. Se verán involucrados en dicha solución final aproximiadamente unos once millones de judíos, distribuidos en los distintos países como se indica a continuación...

En el transcurso de la solución final y bajo el liderazgo conveniente, los judíos serán puestos a trabajar en el este. En columnas de trabajo numeradas y separadas por sexos, los judíos se adentrarán en los territorios del este construyendo carreteras. Sin duda, la gran mayoría será eliminada por causas naturales [es decir, serán explotados hasta su aniquilamiento físico]. Lógicamente, los supervivientes serán individuos resistentes y de éstos habrá que ocuparse de manera apropiada, pues en caso contrario y debido a la selección natural llegarían a formar el germen de un nuevo renacimiento judío (ver la experiencia que nos lega la historia). (1)

He aquí un fragmento clave para ver la política genocida de los nazis a pesar de utilizar el término evacuación como un eufemismo de lo que realmente significaba: EXTERMINIO. El hecho de querer eliminar "de manera apropiada" a los supervivientes nos da a entender que lo importante no era el uso de los judíos como mano de obra esclava sino su eliminación física. Ese era el objetivo final. Los ancianos, niños o enfermos serían las primeras víctimas, posteriormente muchos morirían por las duras condiciones de trabajo en los campos y los supervivientes debían ser exterminados. El concepto de "evacuación" era sólo un eufemismo para referirse a los campos de la muerte, cuyos nombres son sinónimo del más puro horror y sinrazón: Auschwitz, Chelmno, Ravensbruck, Treblinka... Y lo más impactante es que este genocidio no fue obra de personas enloquecidas, sádicas o bárbaras; fue cometido por uno de los pueblos más cultos, industrializados y avanzados de Europa, el pueblo alemán, cuyos dirigentes contaron con el apoyo o la complicidad pasiva de la mayor parte de sus ciudadanos y de los ciudadanos de los países europeos que iban cayendo bajo su dominio.


Eso es quizás lo más terrible. Por un lado que 15 personas cultas, amantes de la literatura, la música o la filosofía, buenos padres de familia y eficientes funcionarios se reuniesen una mañana para decidir exterminar a todo un pueblo en todo el continente europeo, a unas personas cuyo único delito era pertenecer al pueblo que ellos habían elegido como chivo expiatorio de sus propias miserias. Pero por otro lado, también es terrible esa indiferencia o esa complicidad a veces pasiva o en ocasiones entusiasta que hizo posible la tragedía. Y conviene no olvidarlo porque siempre podemos extraer una lección de la historia: el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor.

(1) -ROSEMAN, M.; La villa, el lago, la reunión. La conferencia de Wannsee y "la solución final", Barcelona, 2002, pp. 173-175.

dimecres, 14 de maig del 2008

La independencia tan deseada

Estimados lectores:

Hace unos días, desde el blog "Desde Sefarad", José Cohen lanzó la idea de dedicar un post a Israel para conmemorar a día de hoy, 14 de Mayo, el sesenta aniversario de su declaración de independencia.
Cuando conocí esta iniciativa me pareció genial y me dije: voy a participar porque me parece terriblemente injusto que, desde Europa, sesenta años después, se siga negando el derecho del estado de Israel a existir y se cuestione el derecho de autodeterminación del pueblo judío, el único pueblo al que se le cuestiona ese derecho. En efecto, ya sea desde la clásica judeofobia de extrema derecha o desde un punto de vista supuestamente progresista, se demoniza diáriamente al joven estado israelí, se le compara con regímenes racistas como la Sudáfrica del Apartheid, o se le acusa de cometer genocidios que sólo ocurren en los cerebros de los que inventan semejantes falsedades.

Además esta postura va acompañada de un acriticismo brutal con los palestinos. He leído infinidad de artículos en los que se llega a justificar el terrorismo suicida con excusas como la pobreza, la ocupación, la desesperación... Eso es un reduccionismo y una simplificación de la realidad. Los datos lo demuestran. En el África subsahariana existe un nivel de pobreza y de desesperación mucho mayor que en el Medio Oriente y no han surgido movimientos nihilistas de suicidas que se inmolen contra población civil. Sólo desde el lavado de cerebro más brutal y desde el más oscuro fanatismo religioso puede explicarse ese fenómeno del terrorismo suicida. Sin embargo, a esos "locos de Alá" en la prensa europea se les llama resistentes, milicianos o activistas y se intenta justificar ese tipo de terrorismo. Sirvan como ejemplo la mayoría de artículos publicados por el periodista Juan Miguel Muñoz.

Por ese acriticismo con la causa palestina, por la demonización de Israel, por el aumento de la judeofobia en Europa disfrazada en muchos casos de crítica política y de antisionismo, y por mi deber moral como ciudadano europeo no podía mantenerme callado. Quería, en realidad, redactar un texto que fuese mío y postearlo, pero ando fatal de tiempo con la tesina y con el doctorado. Por tanto, tras este pequeño texto introductorio, voy a despedirme posteando un muy buen artículo de Marcos Aguinis. ¡Mazal Tov Israel!

En català: Seguint la iniciativa d´en José Cohen del blog "Desde Sefarad", avui conmemorem els seixanta anys de la independencia de l´estat d´Israel. Desafortunadament, no he tingut temps d´enllestir el texte que estava redactant per a l´ocasió. La tesina i els estudis de doctorat m´ho han impedit però com que jo també volia sumar-me a la festa, he decidit postejar aquest molt bon article d´en Marcos Aguinis. Mazal Tov Israel!



La Independencia tan deseada.


Autor: Marcos Aguinis.
Fuente: Marcos Aguinis web.

Argentinos y latinoamericanos nos estremecemos al hablar de una independencia nacional. Hoy, según el calendario hebreo, se celebra el 60 aniversario de la independencia del Estado de Israel. Corresponde señalar que en ese día no tuvo lugar su "creación", como algunos dicen erróneamente. Israel existía desde la antigüedad, fue un país que consolidó su propia lengua, escribió los libros de la Biblia (y muchos más que se perdieron o no ingresaron al canon oficial), produjo jueces, reyes y profetas, cuyos nombres se siguen reproduciendo hasta el presente en todo el mundo y estableció el arduo monoteísmo ético que comparten ahora tres grandes religiones. Pese a las reiteradas destrucciones que padecieron a manos de los asirios, babilonios, helenos y romanos, con expulsiones sin piedad, nunca dejaron de vivir judíos en la llamada Tierra Santa. Hace 2500 años, llorando junto a ríos ajenos, exiliados judíos colgaron sus arpas de los sauces y proclamaron su conmovedor juramento en un Salmo: "Si me olvidara de ti, oh Jerusalén, que mi lengua se pegue al paladar y se paralice mi diestra".

Durante centurias la ceremonia de la Pascua judía reitera el ansia de estar allí el año próximo. Ese anhelo empujó peregrinos de todas las generaciones. Uno de ellos, el poeta toledano Iehuda Haleví -uno de los primeros autores del incipiente castellano-, realizó un viaje novelesco a Tierra Santa y fue asesinado junto al desmoronado Templo de Salomón. También peregrinó Maimónides, a quien el sultán Saladino propuso como jefe de la comunidad judía asentada en el norte de ese territorio. La historia es demasiado larga y trágica para condensarla en un artículo. Baste recordar que, hace dos siglos, la nunca extinguida llama de reconstruir el viejo hogar nacional cobró renovado ímpetu gracias a la Ilustración.

A fines del siglo XIX, ya había establecimientos agrícolas, escuelas y una milagrosa resurrección del idioma hebreo en un territorio casi vacío y muy erosionado -como testimonian viajeros de la época, entre los cuales figuran Mark Twain, Montefiore y Pierre Loti-. En 1897, se establecieron las bases de un movimiento nacional organizado, que adoptó el nombre de "sionismo". Recién una década después, siguiendo ese ejemplo, cristianos de Siria fundaron el movimiento nacional árabe. Todos pretendían liberarse del arcaico dominio otomano.

Durante la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña consiguió un parcial apoyo árabe mediante las acciones del mítico Lawrence de Arabia. Pero los judíos del entonces llamado Vilayato de Jerusalén o Siria Meridional no necesitaron impulsos ajenos para liberar el país. Ya habían fundado kibutzim , erigido la ciudad de Tel Aviv sobre dunas de arena, abierto caminos, edificado aldeas y formado una Legión, que facilitó el ingreso del general Allenby en Palestina (nombre recién acuñado por el emperador Adriano en el siglo II, para humillar las obstinadas reivindicaciones judías, porque deriva de Philistina, tierra de los filisteos). Los restos del vencido imperio otomano aguzaron los colmillos de las potencias coloniales. Francia se quedó con Siria y el Líbano. Gran Bretaña con el resto del Medio Oriente porque, entre otras cosas, había reconocido el derecho del pueblo judío a reconstruir su Hogar Nacional en 1917, mucho antes de terminar la conflagración. Esto determinó que la primera organización multilateral de la historia moderna, llamada Liga de las Naciones, le otorgara el mandato sobre Palestina. Pero rápido puso en marcha su traición. En 1922, Londres amputó dos tercios del territorio original al crear el reino de Transjordania, donde prohibió el ingreso de judíos. Estableció el vergonzoso antecedente de países árabes judenfrei ("libre" de judíos) mucho antes que Hitler. Después, saboteó el crecimiento de la activa comunidad judía en la parte occidental del Jordán, para evitar su independencia. Hoy brindo con entusiasmo por el moderno Estado de Israel, porque es el resultado de una lucha desigual y un esfuerzo creativo de dimensión prometeica. Nada le fue regalado. Las tropas británicas permitieron que bandas armadas diezmasen poblaciones pacíficas, como las de Hebrón. Tampoco impidió ataques a las aldeas y los kibutzim ni que atentaran contra las sinagogas. El jefe de estas bandas era el Mufti de Jerusalén, quien visitó y se fotografió con Hitler en Berlín, con Ante Pavelic en Zagreb, y les prometió completar la "solución final" en Medio Oriente, según abundantes documentos de la época. Pese a ello, mucho antes de proclamar su independencia, los judíos siguieron adelante: el ideal de la independencia sería el fruto de la construcción, no de la guerra. ¡Querían ser Atenas, no Esparta! Fundaron la Universidad de Jerusalén, que saludaron con júbilo Einstein y Freud. Crearon el primer Instituto de Investigaciones Científicas del Medio Oriente en Rehovot. Levantaron el primer centro tecnológico en Haifa. Conformaron la primera Orquesta Filarmónica del Medio Oriente, inaugurada por la batuta de Arturo Toscanini, quien viajó a Tel Aviv después de humillar a Mussolini. Abrieron el Habina, primer gran teatro de la región. Ampliaron la red caminera, multiplicaron los establecimientos educativos, incentivaron la agricultura al extremo que durante la década del 30 columnas de sirios y egipcios emigraron a Palestina para disfrutar de un progreso que no se daba en sus países. Antes de morir, Theodor Herzl, fundador del sionismo político, creó en 1904 un Fondo Nacional para forestar el desierto. Por colinas pedregosas y llanuras yermas se extendieron los olvidados mantos verdes. Mucho antes de que naciera la conciencia ecologista, los israelíes establecieron la costumbre de plantar árboles en memoria de cada muerto y bosques enteros en homenaje a los benefactores de la humanidad. Donde había predominado la aridez, nacía la abundancia. Otra vez "la leche y la miel", como proclamaban las Escrituras. El anhelo emancipatorio judío fue al principio saludado hasta por líderes árabes como el rey Feisal de Irak. Pero la potencia mandataria se ocupó de bloquear ese cometido y azuzar los enfrentamientos. Desarmaba a los judíos mientras engrosaba un gran ejército transjordano comandado por un oficial inglés cuyo seudónimo árabe era Glubb Pashá. Ni siquiera la Segunda Guerra Mundial modificó esa conducta. El gobierno británico, pese a contar con la irrestricta colaboración judía en contra del Eje, siguió impidiendo que los perseguidos europeos ingresaran en su colonia mesoriental. No lo conmovía la política racista de Hitler (era "un asunto interno de Alemania"). En 1940, llegó a la bahía de Haifa el destartalado barco Patria, con 1700 prófugos del nazismo. Terminó hundido frente a la costa y murieron 250 refugiados. En 1942, el buque Struma fue relanzado al mar abierto por la potencia mandataria y naufragó en el mar Negro, donde se ahogaron 770 personas. Un destino parecido tuvieron el barco Exodus y otras numerosas cáscaras de nuez, una de las cuales fue fletada desde Estambul por el cardenal Roncalli, futuro papa Juan XXIII. Por lo tanto, mienten -consciente o inconscientemente- quienes afirman que el Holocausto "creó" al Estado de Israel. El Holocausto no fue tenido en cuenta ni antes ni durante las luchas por su independencia. Terminada la Guerra Mundial, no existió clemencia para con los sobrevivientes del exterminio. Todos los puertos del mundo siguieron cerrados para la "lacra" judía, incluso los de Estados Unidos. En especial los del futuro Estado de Israel dominado por Gran Bretaña.

La comunidad israelí, ante semejante crueldad, incentivó sus ataques contra el ocupante, que tenía apostados 100.000 soldados y contaba con el apoyo de los árabes, a los que comprometió creando, en 1945, la pro británica Liga Arabe. Cuando su situación se tornó insostenible, llevó el problema a las Naciones Unidas. Allí Stalin decidió terminar con el imperio británico, que se extendía por un cuarto del planeta, al dar un inesperado giro a su tradicional política antisemita: apoyó las aspiraciones emancipadoras del sionismo. Se creó entonces una Comisión que propuso la más sabia de las soluciones: crear en Palestina dos Estados independientes: uno árabe y otro judío. Las fronteras correspondían a una estricta evaluación demográfica que evitaba cualquier desplazamiento: donde vivían judíos existirá el Estado judío; donde árabes, el Estado árabe. Además, tuvo el genio de proponer la integración económica de ambos futuros países, que se adelantaba en décadas a la actual Unión Europea. Ese proyecto fue votado en la Asamblea General del 29 de noviembre de 1947, presidida por el brasileño Oswaldo Aranha. Fue aprobado por más de los dos tercios de sus miembros. Los judíos se quedaban sin casi ningún sitio bíblico, pero aceptaron la resolución. Los delegados árabes prometieron violarla. No hubo una reacción del organismo internacional ante semejante insolencia, reacción que hubiera impedido la catástrofe que se venía. Las Naciones Unidas demostraron, a poco de nacer, su terrible impotencia. Azzam Pashá, secretario general de la Liga Arabe, aseguró que el mínimo brote de un Estado judío desencadenará "una matanza que superará las de Gengis Khan". Nadie quiso vender armas a los judíos, porque ¿quién las pagaría luego de su irrefutable exterminio? No poseían un solo avión ni un solo tanque: sólo uñas, dientes y la certeza de resistir o morir. El Mufti prometió ahogarlos en el mar. Gran Bretaña, para no dar tiempo a que consiguieran ayuda, adelantó su partida para mayo en lugar de agosto. Pero apenas arrió su bandera, David Ben Gurión convocó al espectro político del flamante Estado de Israel y proclamó su independencia, al ofrecer la paz a sus vecinos. Fue un salto temerario y heroico. La gente salió a bailar en las calles. Mientras, seis ejércitos invadieron el país, decididos a matar. No era el fin de la epopeya, sino uno de sus capítulos más dolorosos y sangrientos. Israel ya existía: sólo levantó el telón para incorporarse al firmamento de las naciones soberanas del mundo. Y -como escribió Borges- ya estaba "hermoso como un león al mediodía".

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