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dilluns, 17 de març de 2008

La tragedía de los moriscos

Pocos años después de la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos, un viajero alemán, llamado Jerónimo Münzer, visitó el antiguo reino de Granada y nos dejó un testimonio de su viaje en su diario. Münzer hacía 1495 describe Granada como una ciudad islámica en Europa, con sus minaretes, su zoco, su alcaicería... Hoy todo eso ya es historia. Ayer mismo, por la mañana, estuve un buen rato paseando por las calles de Granada y, mientras me daba el paseo y compraba el pan, llegué a la conclusión que de ese pasado islámico sólo nos quedan sus venerables piedras.
Ciertamente, en los últimos años, por la zona de la Calle Elvira y de Pedro Antonio de Alarcón han abierto muchas tiendas de Shawarma o teterías, que le dan a la ciudad un nuevo aire oriental pero no es lo mismo...

Además, durante mi paseo, pude comprobar como muchas tiendas tenían en sus escaparates carteles de la "Semana Santa" que empezó ayer y eso me hizo reflexionar sobre la historia, los moriscos y el fin de su presencia en la ciudad de Granada. Para situarnos, tenemos que viajar a inicios del siglo XVI.

En esos años, ante las violaciones de las capitulaciones de Santa Fe - firmadas por sus católicas majestades y Boabdil en 1491 -, los mudéjares granadinos se rebelan contra la dominación castellana y sus intentos de proselitismo cristiano con fines asimilacionistas. Si, amigos, nos encontramos ante la primera rebelión de las alpujarras que dura de 1499 a 1502. Desafortunadamente para los intereses de los mudéjares, la rebelión fracasa y los reyes católicos aprovechan la ocasión para relanzar su política asimilacionista de la población mudéjar y le obligan a elegir entre conversión al Cristianismo - que implica renunciar a su religión, a su cultura y asimilarse - o exilio. La gran mayoría de las antiguas élites nazaries había puesto ya pies en polvorosa y los pocos que quedaban pasan al norte de África, mientras que la mayoría de la población decide quedarse y convertirse para no perder sus posesiones.

A partir de ese momento encontramos dos sociedades paralelas en Granada: la de los colonos - repobladores cristianos viejos, llegados de toda la península e incluso desde otros lugares de Europa; y la de los moriscos o antiguos musulmanes obligados a convertirse al cristianismo, que luchan por mantener su religión y sus costumbres aunque en la vida pública se hacen pasar por buenos cristianos para guardar las formas.
Se dan situaciones muy curiosas que se pueden leer en los registros de la inquisición: por ejemplo, el hecho de cocinar con aceite - la famosa dieta mediterránea actual - pues era un motivo para ser acusado de morisco o de judaizante porque los cristianos viejos cocinaban con manteca de tocino y el aceite se usaba especialmente para uso indústrial. Se obligaba a las moriscas a ir sin velo que cubriese la cara, pues sólo se permitía el pañuelo en la cabeza para guardar decoro, etc.

Ante esta situación, con dos sociedades paralelas en el antiguo reino de Granada y en otras partes de gran asentamiento morisco como en Valencia, empiezan las medidas punitivas y prohibitivas. En 1525 se instala el tribunal del Santo Oficio en Granada, se prohibe hablar el árabe, se prohibe el vestido árabe tradicional y se realizan quemas públicas de coranes... las medidas caen en saco roto porque los moriscos siguen sin querer asimilarse. Se repiten durante todo el reinado de Carlos V y en 1565 Felipe II las vuelve a hacer efectivas. Eso es el detonante de la segunda revuelta morisca, la de 1567, que fracasa en el barrio del Albayzin pero triunfa en las alpujarras. El converso Francisco de Valor y Justícia adquiere el nombre de Aben Humeya (descendiente de los omeyas) y durante varios años mantiene en jaque a los terribles tercios castellanos. Finalmente es asesinado y al año siguiente la rebelión es sofocada con gran violencia.

Como consecuencia se castiga a los moriscos y se les difumina por la península ibérica con el fin de asimilarlos con una mayor facilidad. Fracasa el plan. A pesar de difuminarlos para desintegrar su sociedad y sus lazos de unión, los moriscos siguen sin asimilarse. En las actas de la inquisición de Logroño de finales del siglo XVI se puede leer como moriscos granadinos de Logroño se reunían en casa de uno de ellos para leer el "Alcorán" y realizar la "Azalá" (oración). Situaciones se dan en otros lugares del reino de Castilla, como por ejemplo en la actual provincia de Badajoz.

Finalmente, ante la imposibilidad de asimilarlos, a inicios del siglo XVII, durante el reinado de Felipe III, se decide su expulsión que se lleva a cabo entre 1611 y 1614.

Posteriormente, el antiguo reino de Granada y otras zonas con gran raigambre morisca son acabadas de repoblar con cristianos viejos y se cierra así el primer capítulo de las limpiezas étnico - religiosas en España. Otro día hablaré de la expulsión de los judíos y de los Anussim y bnei Anussim, que en algunos casos han conseguido mantener costumbres de la tradición judía hasta la actualidad a pesar de los siglos de asimilación, de marginación y de persecución. Pero eso serà en otra ocasión.


En català: ahir donant un passeig per la ciutat de Granada vaig reflexionar sobre el passat i el present de la ciutat. Les meves reflexions em van portar fins al segle XVI, moments en el que es produeix una de les dues netejes étnico - religioses que es van duur a terme a la península ibérica a inicis de l´edat moderna: la dels moriscs o antics mudejars musulmans obligats a convertir-se al cristianisme després de la primera revolta de les Alpujarres (1499 - 1502).

En efecte, durant bona part del segle XVI, van existir a Granada dues societats paral.leles: la dels repobladors de cultura cristiana i la dels moriscs, oficialment cristians però que continuaven conservant la seva cultura, la seva religió islàmica i les seves tradicions. Obviament, això era un secret a veus i les mesures prohibitives i punitives eren freqüents: instal.lació de la inquisició a partir de 1526, prohibició de parlar en àrab i del vestit islàmic tradicional, cremes públiques del Alcorà. Aquesta serie de mesures va provocar la segona revolta de les alpujarres (1565 - 1571), que també va acabar fracassant. Com a càstig i per a facilitar la seva assimilació, els moriscs van ser difuminats pels regnes de Castella i Aragó però van continuar inassimilables. Finalment, davant de la impossibilitat d´assimilar-los, és va decidir expulsar-los a inicis del segle XVII, i així és va fer entre els anys 1611 - 1614, durant el regnat de Felip III.

El territori lliure de moriscs es va repoblar amb cristians vells del reste de la península e inclús de fora, esborrant així qualsevol rastre de la presència morisca en la nostra pell de toro. En una atra ocasió parlaré de la segona gran neteja étnico - religiosa, la dels jueus, i del destí dels Anussim i Bnei Anussim, que en alguns casos han aconseguit mantenir tradicions jueves a pesar de la marginació, les persecucions i l´ostracisme al que es van veure sotmesos. Però això serà en una altra ocasió.

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